15 nov 2011

Pluscuamperfecta

Ya está, ahora ya lo sé. En uno de esos momentos de huida hacia el infinito me encuentro con la respuesta que buscaba. Aunque ni siquiera sabía que hubiese una pregunta. Suele pasar.

No siento. No tengo emociones que vayan más allá de la desidia, el aburrimiento y el hastío. Sí, tengo un amor de madre que no me cabe en el pecho, pero a veces hasta eso se esfuma entre la rabia y el cansancio. Y necesito algo más, algo que haga retumbar los cimientos tanto tiempo dormidos. Necesito emociones que me conecten con algo más que con la cotidianidad y la rutina de mi vida. Y sé que a ratos las busco, me las invento, sueño despierta con una realidad inexistente, que no sé si me hace más daño que bien, pero es lo que me queda, al final, es lo que me queda. Porque me enseñaron a ser buena, no sé quién exactamente, pero alguien hizo bien su trabajo, y ahora repercute en mi deseo constante de portarme como debo, de ser cuasiperfecta (pluscuemperfecta si por mí fuera), de cumplir los objetivos marcados a cada instante, y flagelarme si no los consigo. Así que por eso sueño, porque no puedo vivir en la realidad imperfecta que me rodea cada día. ¡Oh, la perfección! Qué engaño más grande, qué inutilidad y qué constante decepción. Qué mejor meta y más inalcanzable que la perfección. Ya de proponerse algo, que sea lo inalcanzable. A lo mayor, mayor.

Así que aquí estoy, rodeada de un mar de lágrimas que apenas me deja ver la pantalla, y autocompadeciéndome porque necesito emociones que llenen mi vida, aunque sólo sea en mi imaginación desbordante. Imaginación que siempre consigue escapar a través de las rejas entre las que la encierro, y que me lleva a universos paralelos en los que la realidad se confunde con la ficción, y me permite vivir, en la sombra, esas emociones caras que me rehuyen.

Y me paro a pensar y sé que serán efímeras. ¿Qué importan? En realidad duraran lo que tarde en sentirlas, después será lo mismo que ahora, ¿no? Soy cazadora de segundos intensos y miradas esquivas. De sonrisas traviesas y carcajadas excitantes. Soy una cazadora que nunca podrá apresar su presa.

Y lo peor, que la culpa es sólo mía. Al fin y al cabo, tenemos lo que merecemos. O eso dicen por ahí.

Bueno, ya está bien de autocompasión por hoy. Me voy a dormir, que ya es hora.

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