16 nov 2011

Arrouto

He roto dos reglas de oro: escribir estando mal (no es plan de dar la impresión de vivir en la desdicha todo el rato), y pensar (opción no disponible).

Son reglas autoimpuestas, por supuesto, pero esas deberían ser las de más férreo cumplimiento, porque si nos las imponemos es porque sabemos que es lo mejor para nosotros.

Por supuesto un arrouto lo tiene cualquiera, y esta vez no me flagelaré con el látigo de cinco colas, pero tendré que tatuarme las reglas en algún sitio disponible para no volver a equivocarme.

Quizá no debería imponerme nada y que salga lo que dios quiera, total, de perdidos al río (o a la isla desierta). Podría probar, puede que las reglas sean las que me impiden escribir: esto no, demasiado personal; esto tampoco, estoy demasiado depre; esto tampoco, qué van a pensar de mí (hay que mantener un cierto estatus)...

Así que al carajo, que le den a las normas, ni me voy a rayar con el tema de las personas que pueden leerlo, ni me voy a rayar con la peña que no conozco, ni con lo que piense nadie, ni con nada. Escribiré lo que me salga de las narices (por no decir ovarios, que suena muy basto) y al que no le guste que no lo lea. (Esto ya lo escribí alguna vez, no? porque me suena mogollón).

Ale, ale, y con esto y un bizcocho, hasta mañana a las ocho.

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