Dibujamos corazones en pechos descubiertos, y los vemos latir de emoción ante situaciones insospechadas, y depués se apagan como linternas sin pilas, de repente, sin previo aviso, y les damos cuerda, con la dinamo, intentando resucitarlos, hacemos el boca a boca, presionamos cualquier punto, buscamos el botón del start, y nos quedamos mirando cómo mueren de inanición. Al rato, cuando los restos exangües yacen ya negros, corremos a buscar otro rotulador para volver a dibujar otro encima, siguiendo las lineas del anterior, esperando que sean corazones iguales, que sientan lo mismo, que nos permitan mantener todas las ilusiones creadas por un tiempo infinito, pero es otro, ya es otro, el nuevo no reconoce pulsos anteiores, y hay que enseñarle todo de nuevo, y no tiene memoria y los latidos cambian de intensidad, y ya no hay bagaje, y el corazón desmemoriado no dura mucho, porque la pena de no saber, de no reconocer, puede con él, y los recuerdos pesan demasiado, y los corazones no pueden ser ligeros, porque pueden aprender a volar, y entonces, ni siquiera tendremos una silueta sobre la que pasar por encima la próxima vez.
27 jun 2010
25 jun 2010
Use your brain
Me han dejado una Nintendo DSL y me encanta.
Puede que alguien se acuerde de que me encantan los test, los acertijos y los problemas de lógica, todo lo que ponga a prueba mi mente, todo lo que me haga pensar y equivocarme. Porque me equivoco mucho, pero eso no me preocupa, lo que me preocupa es que las respuestas que acierto no siempre se deben a la explicación que te cuentan después. Creo que no sigo la lógica correcta.
Uno de los juegos de la máquina es El profesor Layton y La Villa Misteriosa. Es un juego de acertijos de todo tipo que se suceden mientras el profesor tiene que resolver un enigma principal. Está bien, me aburre un poco buscar los acertijos y las monedas, aunque son fáciles de encontrar, y he aprendido que si utilizo una moneda, en el segundo intento te restan menos picarats. Así que no me corto y cada vez que fallo me dan una pista. Y cuando aciertas, te explican la respuesta y en qué se basa. Pero mis explicaciones de por qué he llegado a esa conclusión no suelen coincidir con las de la máquina.
Cuando mi lógica no funciona, utilizo otro tipo de razonamiento, y, al parecer, éste funciona mejor. Por eso creo que no sigo la lógica correcta, que tengo mi propio razonamiento cruel y perverso que me permite llegar a las mismas conclusiones. Ya sabes, piensa mal y acertarás.
Es algo que viene de siempre, así que no me sorprende, lo que me sorprende es haberme dado cuenta tan tarde.
Puede que alguien se acuerde de que me encantan los test, los acertijos y los problemas de lógica, todo lo que ponga a prueba mi mente, todo lo que me haga pensar y equivocarme. Porque me equivoco mucho, pero eso no me preocupa, lo que me preocupa es que las respuestas que acierto no siempre se deben a la explicación que te cuentan después. Creo que no sigo la lógica correcta.
Uno de los juegos de la máquina es El profesor Layton y La Villa Misteriosa. Es un juego de acertijos de todo tipo que se suceden mientras el profesor tiene que resolver un enigma principal. Está bien, me aburre un poco buscar los acertijos y las monedas, aunque son fáciles de encontrar, y he aprendido que si utilizo una moneda, en el segundo intento te restan menos picarats. Así que no me corto y cada vez que fallo me dan una pista. Y cuando aciertas, te explican la respuesta y en qué se basa. Pero mis explicaciones de por qué he llegado a esa conclusión no suelen coincidir con las de la máquina.
Cuando mi lógica no funciona, utilizo otro tipo de razonamiento, y, al parecer, éste funciona mejor. Por eso creo que no sigo la lógica correcta, que tengo mi propio razonamiento cruel y perverso que me permite llegar a las mismas conclusiones. Ya sabes, piensa mal y acertarás.
Es algo que viene de siempre, así que no me sorprende, lo que me sorprende es haberme dado cuenta tan tarde.
18 jun 2010
17 jun 2010
6 jun 2010
Hasta que nos veamos...
Odio a mis vecinos de arriba. No llevan ni quince días viviendo aquí y ya hemos llamado a la policía. Primero vinieron unos de uniforme, pero no les abrieron la puerta, así que se fueron y a la media hora llegaron cuatro, ya sin uniforme, una chica y tres chicos, que me preguntaban si estaría dispuesta a declarar, puesto que no abrían la puerta y tenían miedo de que la chica pudiese estar herida o algo peor. Querían mi declaración para tirar la puerta abajo. Qué angustia que tengas que plantearte ser la responsable de que le tiren la puerta a tus vecinos que no conoces de nada.
Pero todo eso pasó porque no vivían aquí, porque ahora sabemos que sus broncas son así, día tras día, una y otra noche, una pareja joven que acaba de comprarse un dúplex discute a gritos, insultando, llorando, humillando y peleando.
Se supone que tendrían que ser felices.
Pero no, tenemos que sufrirlos los demás, oyendo cosas que no deberíamos oír.
Los odio por obligarme a escucharlos.
Pero todo eso pasó porque no vivían aquí, porque ahora sabemos que sus broncas son así, día tras día, una y otra noche, una pareja joven que acaba de comprarse un dúplex discute a gritos, insultando, llorando, humillando y peleando.
Se supone que tendrían que ser felices.
Pero no, tenemos que sufrirlos los demás, oyendo cosas que no deberíamos oír.
Los odio por obligarme a escucharlos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)