Mañana hará un mes que nació Maya. Fue una madrugadora, un domingo a las ocho y cuarto de la mañana asomaba la cabeza y se instalaba en nuestras vidas para siempre.
Este mes que ha pasado no ha sido nada fácil. Al día siguiente de dar a luz firmábamos el contrato de alquiler de nuestro nuevo piso, y en esa semana hicimos la mudanza. Yo aún no me creo que haya sido capaz de llevar ese ritmo durante dos semanas, puesto que apenas dormía los primeros días, y en los ratos que podía llenaba cajas y cajas de pingos y demás cosas inútiles que vamos almacenando a lo largo de los años.
En la primera semana adelgacé seis kilos, ahora mismo peso tres kilos menos que cuando me quedé embarazada. Debido a la mudanza, a los nervios, a que a los cuatro días Maya tuvo mocos y no podía apenas mamar, casi hago una mastitis. Debido a que no me dieron toda la información en el hospital casi se me infectan los puntos de la episiotomía. Y debido a todo lo que me rodeaba y me estaba ocurriendo en esas dos primeras semanas, estuve a punto de caer en una depresión, las lágrimas a escondidas eran el pan de cada día.
Pero todo ha salido bien. Ya no lloro. La cicatriz está perfecta. Y estamos intentando que mis pechos produzcan la leche necesaria para no darle biberón. Ella colabora encantada, le encanta la leche materna, siempre sonríe mientras mama.
Ahora ya nos vamos conociendo, ella es exigente, demanda mucha atención, le encanta la fiesta y estar rodeada de ruidos y gente, y cuando tiene hambre llora como si la partiesen en dos. Todo tiene que ser cuando ella diga. Pero después te sonríe y es preciosa.
Se dice, se comenta, que las personas que consiguen obtener el poder son muy reacias a soltarlo, que desean mantenerlo incluso a costa de lo que sea. El poder emborracha, pero sólo a las personas que quieren estar ebrias.
Soy delegada sindical, lo que significa que represento a mis compañeros frente a la empresa. Sus necesidades son las mías, así que no cuesta ponerse en el pellejo de otros. Aunque nunca llueve a gusto de todos y las críticas por nuestro trabajo siempre estén ahí. Pero lo llevo con orgullo, me gusta pensar que lo que obtenemos nos beneficia a todos y que no buscamos una gratificación personal. Personalmente me guío por una premisa que he compartido con mis compañeros sindicalistas: el día que de nuestras acciones se derive un perjuicio para nuestros compañeros, dimitiré. No podría soportarlo, no quiero ser responsable de algo así, no me parecería justo. Para mí la responsabilidad es inmensa, crean o no crean en mí, me critiquen o no, pero mis actuaciones a ese nivel nunca deberían ser cuestionadas por mí misma. Eso es lo que yo creo. Y siento.
Pero hay personas y personas, claro. Este año son las elecciones sindicales, y se está notando, sobre todo en determinadas personas que para conservar el poder (¿poder?, mejor hablar de estatus) o estatus son capaces de cualquier cosa, incluso de vender a sus propios compañeros. Y esa gente me da asco. Vence con tu trabajo, con tu carisma, e incluso puedo aceptar que se venza con mentiras, pero intentar vencer masacrando todo lo que representas, y por lo que te eligieron en su día. Asco es poco.
Personalmente el poder no me interesa, demasiada responsabilidad, demasiado estrés, no me convence...pero eso lo digo ahora, sabiendo que lo que tengo no se le parece, casi ni se le aproxima. Puede que si lo tuviese, también me emborrachase, y quisiera seguir con la fiesta y evitar a toda costa la resaca. Pero sé que el asco siempre estaría ahí.
Sigo aburriéndome, pero ahora con un calorazo de muerte que me impide salir a pasear a menos que sea a las ocho de la mañana. Así que toca casa, que tampoco es que me queje demasiado (sigo con la lectura a tope), pero todo tiene un límite.
He estado experimentando. Me he conectado a un chat de vez en cuando. Había chateado con anterioridad, ya hace años, y cuando lo dejé fue porque no creía que fuese a encontrar a alguien mínimamente interesante para charlar. Obviamente, esta vez se ha vuelto a confirmar la premisa, salvo una excepción, todos te hacen el test de compatibilidad: ciudad, edad, estado civil, trabajo, y aspecto físico. A mí esto me hace mucha gracia, porque creo yo que para hablar a través de una pantalla no necesitas tantos datos, aparte de las consabidas mentiras en las que todo el mundo incurre, o puede incurrir. Y otra cosa que me deja patidifusa es que según tus respuestas podrás hablar o no. Si eres de una ciudad lejana, seguramente pasarán de ti, si la diferencia de edad es de unos 10 años te preguntarán si te importa (mientras seas inteligente y no cometas faltas de ortografía, sin problema), como si la diferencia de edad fuese un impedimento para mantener una conversación. Y cuando llegas a estado civil, si dices casada, la pregunta inmediatamente posterior es: ¿y te va bien con tu marido? Si le dices que te va bien, muchos pasan de ti, y si dices que te va mal, ya tienes rollito asegurado. El trabajo no suele ser un problema, y si no te lo quieren decir es que son polis o algo así. Y lo del aspecto físico, bueno, eso es lo peor. No sé por qué buscan a los modelos en las discotecas, deberían buscarlos en los chats, todos son rubios, con ojos claros y cuerpazos curtidos en gimnasio. O eso es lo que dan a entender, claro. Aunque siempre hay datos sospechosos, como cuando dicen que su estatura es normal, o sea, que son bajitos. Y si te dicen que el físico no es importante, o que no son agraciados, con esos tienes charla asegurada, aunque no sé de qué tipo.
Pero lo más sorprendente es que ahora la charla está infravalorada. No, en media hora puedes quedar con un tipo desconocido para tomar un café, ver si os gustáis y follar como conejos en cualquier motel, porque claro, él tendrá pareja y tú también, y la discreción es indispensable. Y esto no es algo puntual, no, en una hora conectada podría haber conocido a cinco personas locas por tener una relación sexual. Y con una embarazada, mucho más.
Mis mínimos para charlar con alguno son la ausencia de faltas de ortografía (hola sin hache hace furor en las redes). Eso para empezar, claro. Si es capaz de mantener una conversación interesante e inteligente, si no me hace el test de compatibilidad, y si la conversación fluye, y no busca sexo, ya me tiene en el bote. Tenga la edad que tenga, sea su estado civil el que sea, y tenga el aspecto físico que tenga.
Debido a la falta de especímenes con estas características (sólo encontré uno), ya no chateo. Me replanteé la situación después de una conversación muy interesante con un chiquillo de 22 años que me preguntó si me gustaría tocarle el bíceps (carne de gimnasio), a lo que yo respondí si quería hacerme un test de IQ, y ni siquiera sabía a lo que me refería. Ahora sólo mantengo conversaciones reales con gente real, son menos estresantes y hay menos que analizar.
Ya no sé qué hacer. Aburrida es decir poco, ya me he leído mil libros, he visto películas, temporadas enteras de series que me apasionan, o que sólo me entretienen, me he hecho un disco con mis canciones preferidas, e incluso he empezado un almohadón de peces en punto de cruz, y eso que odio los peces. Pero ya nada funciona.
Estoy de baja desde Febrero, una amenaza de aborto y el estrés que la ocasionó me han mantenido en casa desde entonces, así que mi vida social también se ha visto afectada, puesto que de estar rodeada de unas 100 personas, ahora sólo me rodea una, que en muchas ocasiones me saca que quicio (normal, mi situación hormonal no admite tonterías).
Pero he encontrado mi salvación, la literatura erótica ha ganado una adepta.
Todo empezó con Cincuenta sombras de Grey. Nunca me había interesado ese tipo de literatura (si se le puede llamar así), pero ahora estoy enganchada. Ya me he leído unos cuantos, aunque lo mejor, sin duda, ha sido la trilogía de Caballo de Fuego, que no debería estar dentro del mismo grupo puesto que no se parece en nada, salvo por los encuentros sexuales de los protagonistas. Esta tiene acción, misterio, intriga, amor, de todo un poco. Te mantiene en vilo constantemente, y hay diversas historias dentro de la principal. Un gozo, vamos.
El problema que tienen estos libros es que te pasas el día pensando en lo mismo, en leer. Y si no, en follar. Pero por eso son divertidos, porque te cosquillean más allá del pensamiento.
He vuelto a pasear. La música en mis oídos, el paso acelerado, y el río a mi izquierda, tumultuoso y oscuro. Lo ideal.
Al final, después de tantas excusas, del no tengo tiempo, y del con quien dejo al crío, no ha sido tan difícil, el caso es querer, y saber qué es lo mejor en estos momentos.
Mi vida ha dado un vuelco. Algo tan deseado durante tanto tiempo se convirtió, en el momento de la confirmación, en pánico y terror. Ya no hay vuelta atrás, y el dicho tan famoso del ten cuidado con lo que deseas porque podría convertirse en realidad es cierto. Mientras jugamos a soñar todo es ideal, todo es fantástico y maravilloso, y no hay problemas en el horizonte, nada por lo que preocuparnos. Y cuando la realidad nos alcanza, todo eso se va al garete, la frágil seguridad en la que descansan nuestros sueños se hace añicos y sólo hay problemas que solucionar, miedo a la consecución de un fin, pánico al cambio que vendrá. Somos humanos, no sabemos lo que queremos.
Al mismo tiempo estoy exultante. Por fin, por fin he conseguido lo que llevo tanto tiempo deseando. El deseo era tan intenso que no me permitió ver nada más, cuestiones que ahora me planteo, pero que superaré, dominaré, y solventaré, sin dudarlo. Estoy tan contenta. Volveré a los mundos de Yupi, y dejaré de hablar del trabajo. Toda una liberación.
Ya sólo deseo que se haga real, que pase el tiempo que queda y tener entre mis brazos a mi nuevo hijo, o hija, y que tenga sus diez deditos en los pies y en las manitos, y que bostece y se quede dormido mientras lo acuno. Ya sólo quiero que estés aquí conmigo, mi amor.