20 feb 2011
7 feb 2011
The passenger
Subo y bajo como la marea, confusa es mi segundo nombre e inquietud mi apellido. Sé que nunca cambiará, ya lo he aceptado, pero una gran preocupación ha desaparecido. Ya sé lo que quiero.
No me refiero a lo que quiero ahora mismo, o la semana que viene. Es algo más profundo, es la búsqueda inherente a la persona. Es el fin último.
A este descubrimiento me llevaron varios comentarios recopilados al azar, de esos que escuchas tantas veces que ya ni siquiera piensas en ellos, pero que encierran ideas que con un poco de lucidez puedes desentrañar (o, por lo menos, utilizar para tu propio beneficio).
Una frase muy utilizada y a la que pocos prestan atención es que siempre deseamos lo que no tenemos. Otra sería: ten cuidado con lo que deseas porque puede que lo consigas. Si las uniésemos obtendríamos una máxima: siempre desearemos lo que no tenemos, pero si lo conseguimos nunca será como pensamos puesto que nuestros deseos siempre son idealizados, por eso son deseos y no realidades.
Es difícil aceptar que lo que deseas no es real, es muy difícil. Por eso tantas frustraciones sin sentido se adueñan de nosotros. Si no lo obtenemos, malo; si lo obtenemos, peor.
Cuando estas ideas se asentaron en mi mente me pregunté seriamente qué deseaba yo. Nuestros deseos cambian a cada momento. Quiero una pareja, ahora quiero un hijo, ahora quiero salir todas las noches, ahora huyo de las responsabilidades, ahora quiero una pareja, ahora quiero... Y según el tipo de vida que lleves, lo que tengas o no tengas, y las personas con las que te relaciones, desearás unas cosas u otras.
Y así llegamos a la pregunta clave: "qué deseo yo?" Y para responder volví al principio, al origen, a antes de todo, y la respuesta estuvo clara, porque siempre he deseado lo mismo, puede que con matices (obviamente), pero siempre he querido lo mismo, cuando no lo he tenido he sufrido por no tenerlo, y si lo perdiese, también sufriría, aunque al principio me sintiese liberada, sé que al poco volvería a buscar lo mismo.
Ahora es otra la pregunta que confunde mi mente: ¿Cuáles son las metas a conseguir? ¿Qué espero de mi futuro?
Nadie lo sabe.
No me refiero a lo que quiero ahora mismo, o la semana que viene. Es algo más profundo, es la búsqueda inherente a la persona. Es el fin último.
A este descubrimiento me llevaron varios comentarios recopilados al azar, de esos que escuchas tantas veces que ya ni siquiera piensas en ellos, pero que encierran ideas que con un poco de lucidez puedes desentrañar (o, por lo menos, utilizar para tu propio beneficio).
Una frase muy utilizada y a la que pocos prestan atención es que siempre deseamos lo que no tenemos. Otra sería: ten cuidado con lo que deseas porque puede que lo consigas. Si las uniésemos obtendríamos una máxima: siempre desearemos lo que no tenemos, pero si lo conseguimos nunca será como pensamos puesto que nuestros deseos siempre son idealizados, por eso son deseos y no realidades.
Es difícil aceptar que lo que deseas no es real, es muy difícil. Por eso tantas frustraciones sin sentido se adueñan de nosotros. Si no lo obtenemos, malo; si lo obtenemos, peor.
Cuando estas ideas se asentaron en mi mente me pregunté seriamente qué deseaba yo. Nuestros deseos cambian a cada momento. Quiero una pareja, ahora quiero un hijo, ahora quiero salir todas las noches, ahora huyo de las responsabilidades, ahora quiero una pareja, ahora quiero... Y según el tipo de vida que lleves, lo que tengas o no tengas, y las personas con las que te relaciones, desearás unas cosas u otras.
Y así llegamos a la pregunta clave: "qué deseo yo?" Y para responder volví al principio, al origen, a antes de todo, y la respuesta estuvo clara, porque siempre he deseado lo mismo, puede que con matices (obviamente), pero siempre he querido lo mismo, cuando no lo he tenido he sufrido por no tenerlo, y si lo perdiese, también sufriría, aunque al principio me sintiese liberada, sé que al poco volvería a buscar lo mismo.
Ahora es otra la pregunta que confunde mi mente: ¿Cuáles son las metas a conseguir? ¿Qué espero de mi futuro?
Nadie lo sabe.
3 feb 2011
Indecisión
Hay tantas cosas de las que hablar que no sé qué elegir. Puedo hablar de todas esas personas con hijos pequeños, padres enfermos e incluso conectados a máquinas, o empresas con trabajadores que no pagan sus facturas de luz y después te preguntan qué pueden hacer para que se la repongan antes. Pague, señora, pague.
También iba a hablar de la sinceridad, de los lastres emocionales, y del perdón. Del hecho de sentirte bien siendo como eres aunque los demás puedan pensar que eres tonta.
Había pensado compartir mi pasión por la comida, por los platos exquisitos, por la comida casera. La emoción ante un plato nuevo, con una pinta estupenda, un olor envolvente, un sabor delicioso... Los sonidos de placer que emito cuando lo introduzco en mi boca, y los recuerdos que permanecen toda una vida en la boca que se hace agua.
O el hecho de que esté enganchada a un juego de la wii: Sonic Unleashed, y que haya una fase que no consiga superar.
Pero lo único que he tenido claro desde el principio es la música. Una canción añeja descubierta hace dos días.
También iba a hablar de la sinceridad, de los lastres emocionales, y del perdón. Del hecho de sentirte bien siendo como eres aunque los demás puedan pensar que eres tonta.
Había pensado compartir mi pasión por la comida, por los platos exquisitos, por la comida casera. La emoción ante un plato nuevo, con una pinta estupenda, un olor envolvente, un sabor delicioso... Los sonidos de placer que emito cuando lo introduzco en mi boca, y los recuerdos que permanecen toda una vida en la boca que se hace agua.
O el hecho de que esté enganchada a un juego de la wii: Sonic Unleashed, y que haya una fase que no consiga superar.
Pero lo único que he tenido claro desde el principio es la música. Una canción añeja descubierta hace dos días.
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