Es extraño que cuando alguien, cualquiera, me enseña música de un grupo nuevo no preste atención. Pero más extraño es, que cuando lo vuelvo a escuchar a solas, esa canción me llegue de una manera sobrenatural a lo más hondo de mí y me haga estremecer...
28 ago 2010
5 ago 2010
Con humor
He decidido ser feliz. Lo comento con naturalidad en el trabajo y la gente se ríe, pero es así, la decisión parte de mí, no permito que los clientes que me llaman cada día modifiquen mi estado de ánimo, e intento, que la empresa para la que trabajo, tampoco sea capaz de cambiarlo. Es una lucha constante, pero me lo tomo con humor.
Os contaré un día cualquiera...
Llegas al curro y te sientas en el puesto que llevas ocupando durante meses. "No, ahora te tienes que sentar allí" Te sientas al lado de alguien que conoces, "No, ahí no, ponte allí". Bien, aislada, perfecto.
A las 8.30 ya hay cola de llamadas, una detrás de otra durante toda la mañana, tranquilamente unas 80 o 90. La mitad de los clientes no han pagado sus facturas y les cortan la luz. La otra mitad desea hacer gestiones que realizas en el tiempo que el programa te permite. Hay otras que no sabes cómo gestionar, y cuando preguntas, unos te cuentan una cosa y otros, otra bien distinta. Para el resto de situaciones no hay procedimiento, así que no haces nada.
Te insultan, te gritan, te faltan al respeto continuamente, siempre dicen que tú no tienes la culpa, pero que a alguien tienen que quejarse y que te ha tocado a ti. Hay clientes que agradecen tu amabilidad, y con otros incluso te echas unas risas. Hay personas que te cuentan su vida, como si eso importase, y hay otros a los que tienes que sacar la información con fórceps. A la gran mayoría los entiendes, entiendes que gran parte de las situaciones en las que se encuentran y que están reclamando son culpa nuestra o de la empresa, pero no puedes hacer nada salvo dejarles despotricar. Hay un sinfín de situaciones a lo largo del día que te pueden hacer reír, o te pueden hacer llorar. Tú eliges.
Hay moscas que revolotean a tu alrededor toda la mañana, hay tres baños para 130 personas, hay un aire acondicionado que nadie sabe cómo funciona. Hay malas caras, hay llamadas de atención por estar 14 segundos más en tu pausa visual de 5 minutos, hay constantes cambios de los que puedes sentirte afortunada si te informan, hay incontables fallos en el sistema, y es raro el mes que la nómina esté bien. Un lujo de empresa, vamos.
Por supuesto nada cambia, y nada cambiará. Mientras seamos capaces de sacar las llamadas adelante entre moscas y achicharrados, con un sueldo de mierda y constantemente en tensión, pues nada cambiará. ¿Para qué? Todo va bien.
Por eso agradezco que sea lejos, que me obliguen a montar en el coche y poner la música a tope, tanto a la ida como a la vuelta, para poder seguir con mi promesa de ser feliz. Para que ellos no ganen la batalla.
Os contaré un día cualquiera...
Llegas al curro y te sientas en el puesto que llevas ocupando durante meses. "No, ahora te tienes que sentar allí" Te sientas al lado de alguien que conoces, "No, ahí no, ponte allí". Bien, aislada, perfecto.
A las 8.30 ya hay cola de llamadas, una detrás de otra durante toda la mañana, tranquilamente unas 80 o 90. La mitad de los clientes no han pagado sus facturas y les cortan la luz. La otra mitad desea hacer gestiones que realizas en el tiempo que el programa te permite. Hay otras que no sabes cómo gestionar, y cuando preguntas, unos te cuentan una cosa y otros, otra bien distinta. Para el resto de situaciones no hay procedimiento, así que no haces nada.
Te insultan, te gritan, te faltan al respeto continuamente, siempre dicen que tú no tienes la culpa, pero que a alguien tienen que quejarse y que te ha tocado a ti. Hay clientes que agradecen tu amabilidad, y con otros incluso te echas unas risas. Hay personas que te cuentan su vida, como si eso importase, y hay otros a los que tienes que sacar la información con fórceps. A la gran mayoría los entiendes, entiendes que gran parte de las situaciones en las que se encuentran y que están reclamando son culpa nuestra o de la empresa, pero no puedes hacer nada salvo dejarles despotricar. Hay un sinfín de situaciones a lo largo del día que te pueden hacer reír, o te pueden hacer llorar. Tú eliges.
Hay moscas que revolotean a tu alrededor toda la mañana, hay tres baños para 130 personas, hay un aire acondicionado que nadie sabe cómo funciona. Hay malas caras, hay llamadas de atención por estar 14 segundos más en tu pausa visual de 5 minutos, hay constantes cambios de los que puedes sentirte afortunada si te informan, hay incontables fallos en el sistema, y es raro el mes que la nómina esté bien. Un lujo de empresa, vamos.
Por supuesto nada cambia, y nada cambiará. Mientras seamos capaces de sacar las llamadas adelante entre moscas y achicharrados, con un sueldo de mierda y constantemente en tensión, pues nada cambiará. ¿Para qué? Todo va bien.
Por eso agradezco que sea lejos, que me obliguen a montar en el coche y poner la música a tope, tanto a la ida como a la vuelta, para poder seguir con mi promesa de ser feliz. Para que ellos no ganen la batalla.
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