Estoy desconectada del mundo. No sigo las novedades, no veo los telediarios, de hecho, no veo apenas la tele, mi hijo la tiene colapsada de Bob esponja y Código Lyoko. Mi conexión con el mundo exterior es frágil, salvo algún que otro domingo que compramos el periódico y entonces me sorprendo de las cosas que pasan en la inmensidad planetaria que habitamos.
Lo que más me pesa es no descubrir música nueva, nuevos grupos o cantantes que no haya escuchado nunca, así que todas las mañanas voy en el coche escuchando Radio 3, y he encontrado algunas joyitas. El problema es que, como voy conduciendo, no puedo pararme a anotar los grupos, los álbumes, el título de la canción, y si alguna me gusta tengo que pasarme el resto del viaje repitiendo como un mantra el dato que tengo que recordar para cuando llegue a mi destino poder apuntarlo y dedicarme a pensar en otras cosas. Lo verdaderamente difícil es cuando coinciden una detrás de otra, que mezclas los datos con facilidad y tu memoria debe compartimentarse. Pero eso siempre lo hace más interesante, al fin y al cabo la pérdida es nímia, sólo una canción.