Al final, después de tantas excusas, del no tengo tiempo, y del con quien dejo al crío, no ha sido tan difícil, el caso es querer, y saber qué es lo mejor en estos momentos.
Mi vida ha dado un vuelco. Algo tan deseado durante tanto tiempo se convirtió, en el momento de la confirmación, en pánico y terror. Ya no hay vuelta atrás, y el dicho tan famoso del ten cuidado con lo que deseas porque podría convertirse en realidad es cierto. Mientras jugamos a soñar todo es ideal, todo es fantástico y maravilloso, y no hay problemas en el horizonte, nada por lo que preocuparnos. Y cuando la realidad nos alcanza, todo eso se va al garete, la frágil seguridad en la que descansan nuestros sueños se hace añicos y sólo hay problemas que solucionar, miedo a la consecución de un fin, pánico al cambio que vendrá. Somos humanos, no sabemos lo que queremos.
Al mismo tiempo estoy exultante. Por fin, por fin he conseguido lo que llevo tanto tiempo deseando. El deseo era tan intenso que no me permitió ver nada más, cuestiones que ahora me planteo, pero que superaré, dominaré, y solventaré, sin dudarlo. Estoy tan contenta. Volveré a los mundos de Yupi, y dejaré de hablar del trabajo. Toda una liberación.
Ya sólo deseo que se haga real, que pase el tiempo que queda y tener entre mis brazos a mi nuevo hijo, o hija, y que tenga sus diez deditos en los pies y en las manitos, y que bostece y se quede dormido mientras lo acuno. Ya sólo quiero que estés aquí conmigo, mi amor.