Hace muchos años, así como en el instituto, me compré un libro, "El test de las Aptitudes", y después de hacer unos cuantos test descubrí que sólo un 2% de la población era beneficiaria de igual poder de concentración que el mío. Lo recuerdo muchas veces, sin querer recordar que el mismo libro me dijo que mi gusto era pésimo, pero es que eso no es interesante.
A lo que vamos, la Nintendo que me dejaron tiene otros juegos muy conocidos como el Brain Training, Mi experto en vocabulario, English Training, Sight Training... y me encantan. Estoy planteándome comprarme la maquinita porque son juegos que me gustan y a los que juego casi a diario, pero creo que comprarla implicaría el tráfico de estupefacientes, y es que juego mucho mejor cuando estoy fumada, algo incomprensible, lo sé.
Yo creo que este tipo de efectos de las drogas deberían estudiarlos, porque puede que, en determinadas personas, el hachís multiplique alguna facultad y la desarrolle hasta tal punto que resulte un superhombre. Con esta disertación no pretendo afirmar que esto sea lo que me ocurre a mí, no me convierto en superwoman, pero multiplica mi concentración, mi rapidez, mi seguridad, y claro, te acostumbras, y los días que no fumo mi mente pasa de tener una edad cerebral de 36 años a 51, y se supone que tendría que ser al revés. No me lo explico.
He conocido gente que fumaba para estudiar, y me parecía una total aberración porque sé que aumenta la concentración, pero también sé (por experiencia propia) que después no recuerdas prácticamente nada de lo que has estudiado.
Así que tengo dos opciones, tener una edad cerebral de 20 años y no recordar prácticamente nada de lo que puedo aprender con estos juegos, o ser un poco más madura, cerebralmente hablando, y aprovechar el conocimiento que puedan ofrecerme.
Ufffff!!!!!! ¡Qué complicada la elección!
31 jul 2010
19 jul 2010
Estas son las cosas que me pasan a mí
Siempre hay unas normas. Unas normas para que todo salga bien. Pero no unas normas para los demás, no, unas normas para mí, para que si hay que salirse del guión, después no nos arrepintamos de lo hecho. Siempre tiene que haber normas, sin ellas el caos está ahí, y eso no es bueno. Nunca ha sido bueno.
También tiene que haber un plan, porque las normas sin plan no valen nada, dentro del plan establecido, las normas cumplen la función de límites que no hay que traspasar. El plan es el camino y las normas, las señales que te indican lo que debes hacer.
Cuando funcionas bajo estas dos pautas, el hecho de no seguir las normas, hace que el plan ya no tenga validez, y ahí es donde el descontrol hace su aparición, imponiéndose, como un dictador barato, a costa de lo que sea, asumiendo el control de la situación y dejándote cual guiñapo zapateado en una esquina.
Hay veces que no eres consciente de lo que ocurre, y todo te pilla de sorpresa más tarde, cuando ya todo ha pasado y lo único que queda es la vergüenza de algo que le ocurre a todos, pero en tu preciosa cabecita, con tu juez implacable, la condena ya está impuesta. Sólo queda cumplirla, sin sustitución que valga.
Puede que no hayas sido consciente del descontrol, o, que te hayas dado cuenta, pero no sepas el grado al que has llegado. En esos casos siempre hay testigos que te lo recordarán, haciendo hincapié en los asuntos más desagradables, en los más rastreros, cargándose de un plumazo al juez supremo, y obligándote a asumir la pena sin juicio ni condena.
Por todo esto sé que los planes y las normas deben incluir un anexo en el que se especifique que el descontrol no es malo, que forma parte de nuestra condición de personas, que lo que es malo es el control excesivo, y que el derecho a equivocarnos, una y otra vez, es un derecho que nos ganamos en el momento de nacer, y que nadie, ni siquiera nosotros mismos, tiene derecho a juzgarnos por nuestros fallos, y que puede que lo que nos pase ni siquiera sean equivocaciones o fallos, puede que sea un mal día, un mal minuto, o un mal segundo...
También tiene que haber un plan, porque las normas sin plan no valen nada, dentro del plan establecido, las normas cumplen la función de límites que no hay que traspasar. El plan es el camino y las normas, las señales que te indican lo que debes hacer.
Cuando funcionas bajo estas dos pautas, el hecho de no seguir las normas, hace que el plan ya no tenga validez, y ahí es donde el descontrol hace su aparición, imponiéndose, como un dictador barato, a costa de lo que sea, asumiendo el control de la situación y dejándote cual guiñapo zapateado en una esquina.
Hay veces que no eres consciente de lo que ocurre, y todo te pilla de sorpresa más tarde, cuando ya todo ha pasado y lo único que queda es la vergüenza de algo que le ocurre a todos, pero en tu preciosa cabecita, con tu juez implacable, la condena ya está impuesta. Sólo queda cumplirla, sin sustitución que valga.
Puede que no hayas sido consciente del descontrol, o, que te hayas dado cuenta, pero no sepas el grado al que has llegado. En esos casos siempre hay testigos que te lo recordarán, haciendo hincapié en los asuntos más desagradables, en los más rastreros, cargándose de un plumazo al juez supremo, y obligándote a asumir la pena sin juicio ni condena.
Por todo esto sé que los planes y las normas deben incluir un anexo en el que se especifique que el descontrol no es malo, que forma parte de nuestra condición de personas, que lo que es malo es el control excesivo, y que el derecho a equivocarnos, una y otra vez, es un derecho que nos ganamos en el momento de nacer, y que nadie, ni siquiera nosotros mismos, tiene derecho a juzgarnos por nuestros fallos, y que puede que lo que nos pase ni siquiera sean equivocaciones o fallos, puede que sea un mal día, un mal minuto, o un mal segundo...
11 jul 2010
1 jul 2010
A ratos...
Me resulta extraño no saber si me leen o no. Me crea inquietud. No escribo para nadie, se supone, pero si nadie me lee, esto tampoco tendría sentido, podría escribir lo mismo en una libreta y quedármelo para mí.
Supongo que es mi vena exhibicionista la que me impulsa a tener un blog. Hay personas que ni siquiera se plantean contar lo que van a hacer durante una tarde, y yo escribo pensamientos o sentimientos íntimos, o no tan íntimos, pero personales, al fin y al cabo.
El hecho de no saber si me leen o no me da una libertad ilimitada en este sentido, porque no tengo que mantenerme dentro de los usos sociales de los blogs. No tengo que escribir por obligación en blogs ajenos, puesto que no tengo comentaristas. No tengo por qué publicar un post asiduamente, puesto que tampoco sé si alguien lo está esperando con ansia. Realmente no tengo que hacer gran cosa, sólo escribir cuando me parece y sobre lo que me parece, sin pensar en nada más. Por eso me niego a poner un contador en el blog, y por eso a veces me inquieto, pensando que en realidad estoy haciendo el idiota, pero eso es sólo a ratos, el resto del tiempo pienso que hay personas a las que les gusta lo que escribo y como escribo, y que, aunque sólo sea por curiosidad, pasan por aquí para hacer su visita silenciosa. Pero eso es sólo a ratos....
Supongo que es mi vena exhibicionista la que me impulsa a tener un blog. Hay personas que ni siquiera se plantean contar lo que van a hacer durante una tarde, y yo escribo pensamientos o sentimientos íntimos, o no tan íntimos, pero personales, al fin y al cabo.
El hecho de no saber si me leen o no me da una libertad ilimitada en este sentido, porque no tengo que mantenerme dentro de los usos sociales de los blogs. No tengo que escribir por obligación en blogs ajenos, puesto que no tengo comentaristas. No tengo por qué publicar un post asiduamente, puesto que tampoco sé si alguien lo está esperando con ansia. Realmente no tengo que hacer gran cosa, sólo escribir cuando me parece y sobre lo que me parece, sin pensar en nada más. Por eso me niego a poner un contador en el blog, y por eso a veces me inquieto, pensando que en realidad estoy haciendo el idiota, pero eso es sólo a ratos, el resto del tiempo pienso que hay personas a las que les gusta lo que escribo y como escribo, y que, aunque sólo sea por curiosidad, pasan por aquí para hacer su visita silenciosa. Pero eso es sólo a ratos....
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