Se dice, se comenta, que las personas que consiguen obtener el poder son muy reacias a soltarlo, que desean mantenerlo incluso a costa de lo que sea. El poder emborracha, pero sólo a las personas que quieren estar ebrias.
Soy delegada sindical, lo que significa que represento a mis compañeros frente a la empresa. Sus necesidades son las mías, así que no cuesta ponerse en el pellejo de otros. Aunque nunca llueve a gusto de todos y las críticas por nuestro trabajo siempre estén ahí. Pero lo llevo con orgullo, me gusta pensar que lo que obtenemos nos beneficia a todos y que no buscamos una gratificación personal. Personalmente me guío por una premisa que he compartido con mis compañeros sindicalistas: el día que de nuestras acciones se derive un perjuicio para nuestros compañeros, dimitiré. No podría soportarlo, no quiero ser responsable de algo así, no me parecería justo. Para mí la responsabilidad es inmensa, crean o no crean en mí, me critiquen o no, pero mis actuaciones a ese nivel nunca deberían ser cuestionadas por mí misma. Eso es lo que yo creo. Y siento.
Pero hay personas y personas, claro. Este año son las elecciones sindicales, y se está notando, sobre todo en determinadas personas que para conservar el poder (¿poder?, mejor hablar de estatus) o estatus son capaces de cualquier cosa, incluso de vender a sus propios compañeros. Y esa gente me da asco. Vence con tu trabajo, con tu carisma, e incluso puedo aceptar que se venza con mentiras, pero intentar vencer masacrando todo lo que representas, y por lo que te eligieron en su día. Asco es poco.
Personalmente el poder no me interesa, demasiada responsabilidad, demasiado estrés, no me convence...pero eso lo digo ahora, sabiendo que lo que tengo no se le parece, casi ni se le aproxima. Puede que si lo tuviese, también me emborrachase, y quisiera seguir con la fiesta y evitar a toda costa la resaca. Pero sé que el asco siempre estaría ahí.
6 jun 2013
5 jun 2013
Experience
Sigo aburriéndome, pero ahora con un calorazo de muerte que me impide salir a pasear a menos que sea a las ocho de la mañana. Así que toca casa, que tampoco es que me queje demasiado (sigo con la lectura a tope), pero todo tiene un límite.
He estado experimentando. Me he conectado a un chat de vez en cuando. Había chateado con anterioridad, ya hace años, y cuando lo dejé fue porque no creía que fuese a encontrar a alguien mínimamente interesante para charlar. Obviamente, esta vez se ha vuelto a confirmar la premisa, salvo una excepción, todos te hacen el test de compatibilidad: ciudad, edad, estado civil, trabajo, y aspecto físico. A mí esto me hace mucha gracia, porque creo yo que para hablar a través de una pantalla no necesitas tantos datos, aparte de las consabidas mentiras en las que todo el mundo incurre, o puede incurrir. Y otra cosa que me deja patidifusa es que según tus respuestas podrás hablar o no. Si eres de una ciudad lejana, seguramente pasarán de ti, si la diferencia de edad es de unos 10 años te preguntarán si te importa (mientras seas inteligente y no cometas faltas de ortografía, sin problema), como si la diferencia de edad fuese un impedimento para mantener una conversación. Y cuando llegas a estado civil, si dices casada, la pregunta inmediatamente posterior es: ¿y te va bien con tu marido? Si le dices que te va bien, muchos pasan de ti, y si dices que te va mal, ya tienes rollito asegurado. El trabajo no suele ser un problema, y si no te lo quieren decir es que son polis o algo así. Y lo del aspecto físico, bueno, eso es lo peor. No sé por qué buscan a los modelos en las discotecas, deberían buscarlos en los chats, todos son rubios, con ojos claros y cuerpazos curtidos en gimnasio. O eso es lo que dan a entender, claro. Aunque siempre hay datos sospechosos, como cuando dicen que su estatura es normal, o sea, que son bajitos. Y si te dicen que el físico no es importante, o que no son agraciados, con esos tienes charla asegurada, aunque no sé de qué tipo.
Pero lo más sorprendente es que ahora la charla está infravalorada. No, en media hora puedes quedar con un tipo desconocido para tomar un café, ver si os gustáis y follar como conejos en cualquier motel, porque claro, él tendrá pareja y tú también, y la discreción es indispensable. Y esto no es algo puntual, no, en una hora conectada podría haber conocido a cinco personas locas por tener una relación sexual. Y con una embarazada, mucho más.
Mis mínimos para charlar con alguno son la ausencia de faltas de ortografía (hola sin hache hace furor en las redes). Eso para empezar, claro. Si es capaz de mantener una conversación interesante e inteligente, si no me hace el test de compatibilidad, y si la conversación fluye, y no busca sexo, ya me tiene en el bote. Tenga la edad que tenga, sea su estado civil el que sea, y tenga el aspecto físico que tenga.
Debido a la falta de especímenes con estas características (sólo encontré uno), ya no chateo. Me replanteé la situación después de una conversación muy interesante con un chiquillo de 22 años que me preguntó si me gustaría tocarle el bíceps (carne de gimnasio), a lo que yo respondí si quería hacerme un test de IQ, y ni siquiera sabía a lo que me refería. Ahora sólo mantengo conversaciones reales con gente real, son menos estresantes y hay menos que analizar.
He estado experimentando. Me he conectado a un chat de vez en cuando. Había chateado con anterioridad, ya hace años, y cuando lo dejé fue porque no creía que fuese a encontrar a alguien mínimamente interesante para charlar. Obviamente, esta vez se ha vuelto a confirmar la premisa, salvo una excepción, todos te hacen el test de compatibilidad: ciudad, edad, estado civil, trabajo, y aspecto físico. A mí esto me hace mucha gracia, porque creo yo que para hablar a través de una pantalla no necesitas tantos datos, aparte de las consabidas mentiras en las que todo el mundo incurre, o puede incurrir. Y otra cosa que me deja patidifusa es que según tus respuestas podrás hablar o no. Si eres de una ciudad lejana, seguramente pasarán de ti, si la diferencia de edad es de unos 10 años te preguntarán si te importa (mientras seas inteligente y no cometas faltas de ortografía, sin problema), como si la diferencia de edad fuese un impedimento para mantener una conversación. Y cuando llegas a estado civil, si dices casada, la pregunta inmediatamente posterior es: ¿y te va bien con tu marido? Si le dices que te va bien, muchos pasan de ti, y si dices que te va mal, ya tienes rollito asegurado. El trabajo no suele ser un problema, y si no te lo quieren decir es que son polis o algo así. Y lo del aspecto físico, bueno, eso es lo peor. No sé por qué buscan a los modelos en las discotecas, deberían buscarlos en los chats, todos son rubios, con ojos claros y cuerpazos curtidos en gimnasio. O eso es lo que dan a entender, claro. Aunque siempre hay datos sospechosos, como cuando dicen que su estatura es normal, o sea, que son bajitos. Y si te dicen que el físico no es importante, o que no son agraciados, con esos tienes charla asegurada, aunque no sé de qué tipo.
Pero lo más sorprendente es que ahora la charla está infravalorada. No, en media hora puedes quedar con un tipo desconocido para tomar un café, ver si os gustáis y follar como conejos en cualquier motel, porque claro, él tendrá pareja y tú también, y la discreción es indispensable. Y esto no es algo puntual, no, en una hora conectada podría haber conocido a cinco personas locas por tener una relación sexual. Y con una embarazada, mucho más.
Mis mínimos para charlar con alguno son la ausencia de faltas de ortografía (hola sin hache hace furor en las redes). Eso para empezar, claro. Si es capaz de mantener una conversación interesante e inteligente, si no me hace el test de compatibilidad, y si la conversación fluye, y no busca sexo, ya me tiene en el bote. Tenga la edad que tenga, sea su estado civil el que sea, y tenga el aspecto físico que tenga.
Debido a la falta de especímenes con estas características (sólo encontré uno), ya no chateo. Me replanteé la situación después de una conversación muy interesante con un chiquillo de 22 años que me preguntó si me gustaría tocarle el bíceps (carne de gimnasio), a lo que yo respondí si quería hacerme un test de IQ, y ni siquiera sabía a lo que me refería. Ahora sólo mantengo conversaciones reales con gente real, son menos estresantes y hay menos que analizar.
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