16 feb 2012

Manifa

Primero, esta reforma laboral que nos acerca a regulaciones del siglo XIX, y ahora pretenden restringir el derecho a huelga. ¿Qué será lo próximo?

Si te importa, si no estás de acuerdo, si consideras que esta reforma nos va a perjudicar, acude a la manifestación prevista en tu ciudad el domingo 19 de febrero. Puede que la próxima vez que queramos manifestarnos, ya no nos lo permitan.

15 feb 2012

Spot

Me encanta este anuncio, dan ganas de ganar el euromillón.

12 feb 2012

Lejos de ti

Sólo estoy indignada, indignada y triste. Indignada porque vivo en un país en el que la justicia brilla por su ausencia. En el que nos quitan derechos, nos imponen obligaciones, y nos tratan como a seres estúpidos que no piensan, meros títeres que aceptan todo lo que se les viene encima. 

Y triste porque no podemos hacer nada salvo protestar, manifestarnos, dar nuestra opinión en las redes sociales, pero son cosas que no sirven. Antes nunca consideré la violencia como medio para la revolución, pero cada vez estoy más convencida que sin violencia no se cambia. Y no estoy hablando de cambiar hechos, sino simples ideales. Nos dan por todos lados y seguimos pagando hipotecas, créditos, impuestos, y todo lo que nos digan. Seguimos aceptando las reglas, cuando las cambian a su antojo, sin consultarnos. Nos piden sacrificios que afectan a nuestras vidas de una manera que ellos no comprenden, nos piden que seamos responsables, nos piden solidaridad, pero enfrente sólo nos encontramos con avaricia, con irresponsabilidad, con dejadez y con egoísmo. 

Hay días en que no soporto todo esto, la falsedad con la que hablan de la crisis, de los ciudadanos, la justicia. ¿A qué tenemos que esperar para la rebelión? ¿Cuánto más tenemos que aguantar? ¿Cuál será la próxima humillación? Cuanto más se alejan del pueblo menos confiamos en ellos, más fácil será tomar la decisión de exterminarlos. 

21 dic 2011

Mañana será otro año

Estoy de vacaciones. Estoy enferma. Todavía no es nada serio, estoy a la espera de confirmar si es una adaptación al nuevo medio (no ir a trabajar es algo nuevo), o si de verdad comenzará la fiebre en la tarde de hoy.

Mientras espero a ver qué sucede, y termino mi último libro, "El cuaderno de Maya" de Isabel Allende, pienso en lo que ha sido este año que ahora cambia en dígitos, y en lo que he aprendido sobre mí y lo que me rodea.

Lo primero que destacaría es que sigo siendo básicamente la misma persona, con mis mismas neuras, obsesiones y desaciertos. También con la misma sensibilidad y dadivosidad. Anhelante de cariño y comprensión, de conocimiento y reconocimiento. Pero hay pequeños detalles que han sido modificados, o que, por lo menos, se han intentado modificar en la medida de lo posible. La ensoñación y la búsqueda de universos paralelos, pues sólo me hace sufrir innecesariamente. La lucha por la inclusión en un grupo, eso ya es historia. Asumo que soy una isla en la inmensidad del océano, intento no luchar contra ello, no me beneficia a nivel emocional. De la pérdida de esta batalla se deduce que ahora estoy más sola que antes, pero me siento mucho mejor.

En las últimas semanas he decidido no volver a hacer planes: no los cumplo, me siento fatal y me come la ansiedad, o mejor dicho, me como yo a la ansiedad. Me paso la vida haciendo planes de dejar de fumar, dejar de comer, hacer ejercicio, y mil cosas más que nunca llevo a cabo y que sólo me hacen sentir como una persona sin empuje ni determinación. Así que anulados. Si un día me da por hacer algo, lo haré, y si me pongo como una foca, siempre tendré mi intelecto, que vale mucho más (las justificaciones siempre son de lo más idiotas).

Y quiero dejar de quejarme. Sé que tengo derecho a quejarme, pero no me lleva a nada, nada cambia, nada cambio, y sólo me repito y me angustio por saber que hay algo que va mal y no cambiarlo. Además no soporto el victimismo. Solución: intentar ver lo positivo, y si hay algo que no debería ser como es, atajarlo, hablarlo, confrontarlo, pero no quejarme. Eso sólo desgasta las palabras, pero no los hechos.

Desde que no sueño, ni hago planes, ni me quejo estoy un poco más triste, pero creo que la razón es que ahora mismo es la primera vez que comento todas estas cosas, la soledad es lo que tiene. Pero eso también pasará, o no, debería tratar de asumirlo, sin más. Creo que eso me llevará otra vez a la escritura, porque mi medio de comunicación es el que es. Quizá es que al natural, con personas físicas, con palabras dichas en voz alta, no funciono correctamente. Sé que con la palabra escrita soy diferente, parezco diferente.

Desde hace ya tiempo, cada vez que tengo un libro en mis manos, me dan ganas de escribir uno a mí también. No tengo tema (aunque lo tuve), no tengo tiempo, ni espacio, pero tengo ganas de escribir algo que quede, que perdure en el tiempo, algo que sea de mentira y que me mantenga en vilo durante un tiempo, algo que me haga volver a la vida, al quehacer diario, a una rutina en la que la comida, la cena, la lavadora o la compra no sean lo primordial y único. Da igual que al final sea bueno, malo o regular, da igual que se publique o que no (soy realista, hoy en día sería casi imposible publicar), sería algo para mí, como esas personas que pintan los cuadros para tener algo que hacer, o que hacen punto de cruz o calceta. Aunque tampoco quiero mentirme a mí misma, si consiguiera escribirlo (algo improbable con mis antecedentes de no terminar nunca nada), sé que querría publicarlo, enseñarlo, mostrarle al mundo lo que soy capaz de hacer.

Y es entonces cuando recuerdo que no tengo tema (aunque lo tuve), que no debería hacer planes para no sentirme frustrada, y que lo de soñar se acabó.

Puede que algún día pruebe, me ponga a escribir sin más, sin tener una idea clara, dicen que la primera frase es la más importante, yo lo que sé es que es la más difícil.

18 nov 2011

Las historias de verdad que no mienten

Todo es una pena, en realidad. Pero ahora ya no tiene remedio.

A veces miro hacia atrás, pocas veces, la verdad, y sonrío recordando en qué momento y en qué lugar comenzó todo. Cómo una pequeña revolución inspirada en la francesa supuso un cambio tan importante para mí. Si me lo llegan a decir no lo hubiese creido. Pero aquí estoy, sigo en ello, buscando no sé qué cosa que habré perdido, buscando no sé qué sensación o sentimiento o emoción. Exhibiendo todavía mis entrañas a personas que no me conocen ni lo harán, y que sólo saben de mí lo que yo les muestro, como si fuese un ser interesante, diferente o, incluso, irreal. Sí, irreal. En realidad soy irreal. No existo, sólo mis palabras existen en la red, no hay un yo, ni un tú, ni un nosotros, ni un vosotros. Ni siquiera un ellos. Podría inventar cada situación o cada sentimiento y seguiría siendo mío; bueno, suyo; bueno, de ella. De la irreal, de la efímera construcción del "yo escribo un blog". Qué importancia puede tener a estas alturas algo así, escribir, como si fuese algo supranatural. Como si por el mero hecho de juntar unas cuantas palabras con sentido, mi propia vida (irreal) también lo tuviese. Además no eres tú la que se cree un ser especial, son los demás, con sus halagos, los que te hacen sentir especial porque pones palabras, tildes y construyes frases con sentido. Pero eso no es ser especial, porque entonces ahora ya no lo soy, porque las palabras con sentido se me han acabado. Sí puedo diatribar sobre el sentido de la vida, de mi vida (irreal) o poner un millón de emociones contradictorias por escrito, pero las historias, las de verdad, esas que nunca mienten porque son inventadas, se me han escapado de las manos. La musa me abandonó, qué se le va a hacer. Hay que aceptar que ya no hay tiempo, ni ganas, ni retos ni demostraciones. Ya no hay musa. Huyó con lo puesto, a sabiendas de que sin ella no sería nada. Consciente de que yo era de mentira, de que en realidad no valía la pena inspirarme. Y tenía razón, huida la musa, huida la inspiración.

Echo de menos las historias de verdad, esas que nunca mienten, eran las que lo hacían todo interesante, eran las que valían la pena. Eran las divertidas, sin normas que crear o que romper. Las que me hacían pensar en el trabajo bien hecho, las que me producían un verdadero orgullo. Mis niñas reales en mi mundo irreal, esas que paría con dolor.

No sé si volverán. Si me lo propongo, si tengo tiempo, si la musa volviese... Pero puede que ya se hayan acabado, puede que ya haya escrito mi última frase, puede que se me hayan acabado las historias. No sé. De todas formas no voy a despedirme, no quiero despedirme. Todavía no. Puede que todo cambie, puede que si busco tiempo, ganas y pongo mi esfuerzo al servicio de las historias de verdad, puede que las historias me encuentren a mí, puede que suene el chasquido en mi cabeza, puede que la frase perfecta, el inicio perfecto, y el final perfecto aparezcan en mi cabeza y me dejen cogerlos al vuelo. Puede que incluso la  musa vuelva. Aunque esto es lo más improbable.

No me despediré, hoy todavía no...