2 nov 2018

Infinito


Cuando estuve allí me sentí libre, pequeña, privilegiada. La inmensidad nos golpea cuando vamos de ombligo del mundo. De vez en cuando la miro para recordar, para que las pequeñas tonterías sepan en qué lugar colocarse. Fue un fin de semana increíble. Después de presenciar el infinito cumplí uno de mis sueños, también arriba de todo, al fondo, sintiéndolo al máximo, cantando sin filtros. Impresionante. 

1 nov 2018

La historia

Tengo que hacerlo rápido, crearme una rutina antes de tirar la toalla. Es por necesidad. 

Comenzaré esta historia por el principio, porque siempre hay un principio, aunque me ha llevado un rato encontrarlo. Semana Santa del 2017, cuando el lavavajillas de mi piso de alquiler dejó de funcionar. Ese fue el detonante, porque el cabrón del dueño del piso no se preocupó en absoluto de repararlo. Sí que llamó, y vinieron, y se lo llevaron, pero en septiembre nos cruzábamos con él (vivía en el mismo edificio) y siempre había una excusa en sus labios sonrientes de cabronazo. Estaba pasando de nosotros a propósito. Y ahí comenzó la búsqueda, primero de otro piso en alquiler, pero como habían subido de precio nos planteamos comprar. El 20 de octubre dijeron que aceptaban nuestra oferta por un piso antiguo pero reformado de 130 metros y vistas increíbles. Y a partir de ahí todo ha sido felicidad. 

Era viernes, el lunes me ofrecieron un descuento en mi compañía de teléfono además de una tablet por un precio ridículo. El martes me dieron un premio en el trabajo a la mejor del trimestre, y el miércoles A. encontró trabajo. Era el piso. Yo creo que es el piso. Como si un mal de ojo eterno se hubiera esfumado de repente. Felicidad a tope!

El 15 de noviembre firmamos la hipoteca y la compraventa. Tuve que hacerme cargo también de gestionar una herencia adelantada de mis padres y suegros, una ayuda indispensable para llevar a cabo tal hazaña hoy en día. 

Mientras todo esto ocurrría, en el trabajo estábamos con nuestra propia lucha: las elecciones sindicales. Elecciones que, contra todo pronóstico, ganamos. Fue increíble, una sensación indescriptible cuando dijeron que nosotras teníamos 4 delegados, que nos habían votado mayoritariamente, que todos los sacrificios, el esfuerzo, el trabajo, que había recompensa, que no lo habíamos hecho tan mal. Que las críticas sin fundamento y los ataques personales no importaban. Que confiaban en nosotras. 

En enero A. volvía a estar en el paro. Fue una suerte lo del trabajo de noviembre, pero la empresa era una mierda que pagaba tarde, mal y nunca. Yo seguía confiando, y surgió la oportunidad por un amigo de trabajar en Oslo. 14 días en Noruega construyendo el túnel ferroviario más largo de Escandinavia, 14 días en casa de descanso. Cobrando el triple de lo que cobraría en España y con todos los gastos pagados, viaje, estancia y comida. Ahí ya dejé de soñar con el Euromillón, ahí comprendí que la lotería ya nos había tocado. 

Fue complicado, no quiero mentir. Al principio estaba emocionaba porque durante 14 días yo sería la dueña y señora de todas las decisiones familiares, además no tenía que hacer comida, ni cenas elaboradas. Nos adaptábamos, los niños se adaptaban bien. Echábamos de menos a A., pero cuando volvía a casa todo era más fácil, él más participativo, nosotros más pacientes. En las distancias largas es cuando descubres el amor, el cariño, ese que pensabas que era cómodo y rutinario desaparece para impactarte uno más físico e intenso. 

Mientras tanto, yo volví a la lectura erótico-festiva, y estaba todo el día salida como el pico de una plancha, andando por la calle como si fuese una diosa hecha mortal, dándome cuenta de las miradas de los hombres y exudando sexualidad. Es lo que tienen estos libros, que te quitan todo tipo de complejos, que te hacen sentir como la protagonista de cualquiera de ellos, que te mantienen alerta ante detalles que antes pasaban completamente inadvertidos, pero eso es porque tu talante ante el mundo también cambia. Una gozada, me encanta sentirme así. 

Estas lecturas hacían que los días que A. estaba en casa fuesen apasionantes y agotadores. La unión hace la fuerza y nuestra relación se ha vuelto indestructible. Yo ya no soy la de antes, esa que soñaba y quería que todo se hiciese realidad, esa niña ya se fue. Ahora sueño, a veces, pero sabiendo que debo volver a casa, a la seguridad de mi misma, de mi familia, de mi vida. No cambiaría esto por nada, supongo que eso es lo que te enseñan los años, o la madurez, o las hostias que te metes. No sé, da igual, lo que sé seguro es que yo he cambiado. Mucho. He leído un par de entradas antes de escribir el post de ayer y no me reconozco. Menuda ingenua. Menuda idiota. 

A lo que estaba, el caso es que ahora esta todo bien, todo es genial. Estupendo. La felicidad suprema. Todo salvo yo. Bueno, yo estoy bien, creo, es mi cuerpo el que no opina lo mismo. 

Desde poco antes del verano volvieron los angioedemeas. Situaciones que mi cuerpo crea en momentos de estrés o ansiedad, imagino, y digo imagino porque nunca han sabido decirme a qué se deben, qué los provoca, así que yo he decidido después de mucho estudio sobre mí, que es por eso. Se me hinchan las palmas de las manos, las plantas de los pies, los labios, la cara, la barriga...empieza como un habón, y si no lo paro me deforma completamente, aparte del dolor de la tensión en mi piel y que tarda más de un día en desparecer la sensación. y eso tomando la medicación. 

No le di importancia, lo mejor es pasar, aunque cada día tengas alguna parte de tu cuerpo descontrolada e hinchada, lo mejor es no pensar, porque sino la angustia provoca más ataques. Y entonces, en septiembre, un día casi no podía andar, un dolor horrible en la rodilla me lo impedía. Un pinzamiento en una lumbar (mi madre había pasado por ello en verano) me provocaba tal dolor en la pierna que ni con medicamentos fuertes desaparecía. Sigo de baja. el dolor en la pierna casi ha desaparecido, sólo punzadas de vez en cuando, pero el dolor se ha trasladado a las lumbares, como si llevase un cinturón de 20 kilos agarrado a mi cintura. Y esto tomando la medicación, no quiero imaginarme sin ella. 

Y por fin llegamos a la actualidad. A la semana pasada en la que el jueves a las 11 de la noche comenzó a hincharse mi lengua. Tomé la medicación, dos pastillas a falta de una, pero a la hora casi no podía hablar de lo hinchada que estaba. Así que me vestí, y dejando a mis hijos solos en casa me desplacé hasta el PAC más cercano a que me pinchasen en vena lo que fuese, pero rápido. Estaban solos y dormidos y no sabían que yo no estaba. La inflamación bajó rápido y antes de una hora ya estaba de vuelta. Muerta de miedo. Un miedo aterrador, desproporcionado. Por qué mi cabeza hacía esas cosas? Tanto poder tiene sobre el físico? Podría ser sicosomático lo de mi espalda? Tensional? Porque hasta ahora aun no me han hecho ningún tipo de prueba para lo de la espalda, así que todo puede ser. Quiero saber si tengo algo, le dije a la doctora, porque dependiendo de cuál sea la razón las medidas a tomar para mejorar son diferentes. Y no sé qué prefiero, que sea físico o emocional. No lo sé, pero sí sé que la única forma de solucionar el problema emocional es escribiendo. Exponer las cosas sin filtros. Leerlas después de un tiempo, verlo con perspectiva. De momento creo que tengo una idea, porque las veces anteriores (porque esto no sucede todo el rato, va por rachas y en la anterior tuve que tomar medicación para la ansiedad) siempre comenzó cuando desaparecía el estrés, cuando comenzaba el reposo. Puede que esa sea la clave, que haya comenzado cuando todo se asentó. Ni idea. 

He decidido hacerlo aquí, la exposición, echar la mierda. Quizá no sea lo mejor sabiendo que todavía hay gente por ahí que lo lee. Ha sido un sorpresa, sinceramente. No sé qué hacéis por aquí. Ni siquiera yo estoy aquí. Agradecería que no hubiese comentarios. No hago esto para amenizaros la existencia, va a ser desagradable, os aviso. Si lo hago es porque considero que es necesario, y escribirlo en un papel implicaría que cualquiera en mi casa pudiese leerlo, y no quiero. Todo tiene su momento. 

Se acabó por hoy. Ha sido liberador, la verdad. Voy a echarme un piti mientras los protagonistas de la novela que leo ahora follan con pasión y desenfreno y me dejan con las ganas. Otro día os cuento el truco de estos libros. 

Un beso, supongo...

Qué hay de nuevo, amigos!

Bueno, pues aquí estoy, a las tantas de la madrugada, con mi hija durmiendo a mi lado, y teniendo que esperar cuarenta y cinco minutos a que el ordenador decida encenderse y conectarse al wifi, que como lo tengo en un armario debe estar enfadado.

Tengo que volver a practicar, porque hay palabras y acentos que fijo que se me escapan. Hace mucho que no hago más que una lista de la compra, pero esas me quedan bordadas.

Iba a escribir sobre muchas cosas hoy, pero el ordenador, al parecer, ya no es mi amigo y son las 3, y mañana tengo niños para mi sola. Todo el día. Así que hoy solo diré que me parece fatal que le hayan quitado la tilde a "solo", y que me emocioné como una idiota cuando grabé mis dos primeros discos de Depeche Mode en un cd para escuchar en el coche. Los había echado de menos. Esa soy yo, la que ha cantado esas canciones a voz en grito. Hoy las escucho y siguen pareciéndome excepcionales. Lo que te gusta de verdad nunca caduca. En otro momento hablaré de lo que me ha llevado a teclear el ordenador otra vez. Es como si entrara en bucle. Puro baile.

Un beso.

5 abr 2017

Por qué no volar

Creo que fue porque me obligué a no soñar. Que todo comenzó ahí, sin saberlo, pensando que estaba anclándome a mi realidad, que así no saldría mi vena psicópata de desear lo que sueño, de desear lo imposible. Porque mis sueños son así, imposibles. No porque lo sean de entrada, no porque no puedan ser realidad, sino porque yo nunca tendría los ovarios de perseguirlos. Demasiadas complicaciones, demasiadas implicaciones, demasiadas víctimas. Seguramente, yo la primera.

Y de esa forma me dejo llevar, por la realidad cotidiana y rutinaria que me rodea, como cuando te haces el muerto en la piscina y terminas chocando con el borde, y ya no sabes dónde estás. Así me deslizo yo, como una muerta a la deriva.

Hace un par de días terminé El libro de los Baltimore. Me gustó mucho, me gusta el autor ya desde que leí el anterior: La verdad sobre el caso Harry Quebert, El protagonista es un escritor, y me pasó lo mismo que cuando terminé el anterior, tuve una necesidad imperiosa de escribir. Y pensar en volver a hacerlo me ha dado una energía inusitada, un empuje que creía ya desterrado. Al fin y al cabo, soy una muerta a la deriva. Pero no sé si seré capaz. No sé si podré dedicar un rato al día a pensar, a imaginar, a vivir una vida que no es la mía, a imaginar una situación en la que nunca estaré, a ponerme en la piel de una persona que nunca conoceré. Porque soy una muerta a la deriva, y las muertas no conocen a gente nueva, ni tienen vidas interesantes, ni tienen vida, ni siquiera piensan o sueñan. Sólo van a la deriva hasta que chocan con algo. Y yo todavía no he chocado. Ni siquiera veo el borde.

Hoy hablé con un amigo escritor, de esos que publican libros en papel. De los que tienen tantas cosas que contar que pueden llenar hojas y hojas con historias y palabras. Me preguntó si seguía escribiendo, y le dije que no, que mi vida es muy aburrida y que no encuentro temas. Me contestó que cuanto más aburrida más temas. "Piénsalo", me dijo, y en ello estoy, pensándolo. Pero él no sabe que ya no sueño, y que cuando dejas de soñar es muy difícil volver a hacerlo. Te acostumbras a la deriva, es fácil dejarse llevar. Pero estoy pensando, imaginando, que no tengo que llegar al borde y chocar, que puedo simplemente volver a mi estado vertical, intentar hacer pie, o incluso ponerme a nadar, y salir por las escalerillas cuál Venus renacida y andar, andar o correr, o incluso volar. Ya puestos, por qué no volar.



16 jun 2015

Terror

Media hora buscando una canción para el post (que aún no he elegido) y ahora tampoco sé  de qué hablar, para variar.

En menos de una semana ya nos vamos a la finca de mis padres a pasar el verano, a que mi madre cuide de mis hijos por la mañana y a que yo cuide de mi padre las tardes y noches que ella trabaja. Quid pro quo a tope.

La verdad es que estoy aterrada. La cría no para y tengo miedo de todo: las escaleras, los medicamentos, la piscina, todo... No sé si mi madre podrá con ella, porque a veces ni yo misma puedo. Y lo pienso y me doy cuenta de que me he vuelto muy miedosa, no sólo con los niños, sino con todo, en general. El coche (tuve dos sustos en poco tiempo y desde entonces cumplo a rajatabla con la velocidad establecida. De hecho me dan tanto miedo las rotondas que me adelantan por dentro), cuando lo llevo yo, o cuando lo llevan otros; la casa, que es dónde más accidentes se producen; o cualquier espacio en el que estemos y que no dependa exclusivamente de mí misma. Creo que me he vuelto como mi abuela, que siempre piensa lo peor, pero yo la supero, seguro. El otro día pensaba en ir al zoo de Vigo, para que los niños pasaran una tarde diferente, y me vino a la cabeza la imagen de mi hija subida en el murete que separa la zona de la gente del foso de los tigres, debajo del muro en cuestión hay un foso con agua, y creo que ahora hay incluso valla metálica en el muro que protege el foso, pero yo imaginé inmediatamente a mi hija cayendo al agua, y que mi marido se tiraba tras ella. No yo, no, mi marido. ¿Por qué yo no?, ¿por qué iba a caer mi hija si hay valla metálica y si no la hubiese yo no la subiría al muro?¿Por qué vienen esas imágenes catastrofistas a la mente? Yo no quiero. El rato de angustia que siguió a ese pensamiento me quitó un año de vida. Pero es mi mente, que se ha vuelto sobreprotectora, o en realidad soy una cobarde a la que asusta todo lo que la mente es capaz de imaginar. Y no quiero ser así, porque así es mi abuela de 84 años, no yo. Yo no debería ser así. Pero lo he asumido. Y a partir de ahí ya puedo jugar con mi mente, porque yo sé antes que nadie lo que voy a pensar, e intento provocar sólo pensamientos positivos, lo bien que lo pasaremos, el viaje en coche tan placentero y relajado, las sonrisas de los niños, Me autoengaño, vamos. No funciona demasiado bien, la verdad, pero ese juego me permite reconocerme, saber que pensaré mal, y reírme de mí misma.

Hace poco hice un curso en el trabajo sobre "Control de estrés laboral". La formadora (que era una apasionada del tema y que realmente me ayudó muchísimo a descubrir dónde radicaba mi problema de estrés) comentó que los pensamientos negativos nos restan vida, puesto que generan cambios en nuestro organismo que nos afectan de una manera irremediable. Así que como siga así moriré pronto. Lo he asumido. Soy como mi abuela. Pero ella tiene 84 años. Puede que aún tenga futuro. Ya veremos.