Han llegado los días, esos que yo llamo del Ave Fénix, el bajón después del subidón. Los días en los que las obsesiones afloran con más fuerza, el autoflagelamiento estéril, la certeza de la maldad que hay en mí. El cuerpo, cómo no, colabora, y el cansancio es desesperante. Y comienzan los debería y los no vuelvo a..., y a cada instante surge una nueva frase ya repetida en mi cabeza. Y lo que sigue es el sempiterno ¿por qué soy así?, y cierro los ojos, y la sensación no desaparece. Y ni siquiera lo entiendo, pero intento aceptarlo. Por lo menos, hasta la próxima vez.
Hoy, sin duda...
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