Hoy ha ido por primera vez al campo. Su padre y yo emocionados por que hasta poco antes de la Eurocopa no le había interesado lo más mínimo, pero verlo entrar al estadio ha debido parecerse al anuncio de la famosa tarjeta que compra ilusiones. Y eso que estamos en Segunda B.
Yo, mientras tanto, he disfrutado de dos horas y media a solas con The Closer y sus últimos episodios. Ha sido la tarde perfecta para todos. Qué pena que tarde dos semanas en repetirse.
Primero, esta reforma laboral que nos acerca a regulaciones del siglo XIX, y ahora pretenden restringir el derecho a huelga. ¿Qué será lo próximo?
Si te importa, si no estás de acuerdo, si consideras que esta reforma nos va a perjudicar, acude a la manifestación prevista en tu ciudad el domingo 19 de febrero. Puede que la próxima vez que queramos manifestarnos, ya no nos lo permitan.
Sólo estoy indignada, indignada y triste. Indignada porque vivo en un país en el que la justicia brilla por su ausencia. En el que nos quitan derechos, nos imponen obligaciones, y nos tratan como a seres estúpidos que no piensan, meros títeres que aceptan todo lo que se les viene encima.
Y triste porque no podemos hacer nada salvo protestar, manifestarnos, dar nuestra opinión en las redes sociales, pero son cosas que no sirven. Antes nunca consideré la violencia como medio para la revolución, pero cada vez estoy más convencida que sin violencia no se cambia. Y no estoy hablando de cambiar hechos, sino simples ideales. Nos dan por todos lados y seguimos pagando hipotecas, créditos, impuestos, y todo lo que nos digan. Seguimos aceptando las reglas, cuando las cambian a su antojo, sin consultarnos. Nos piden sacrificios que afectan a nuestras vidas de una manera que ellos no comprenden, nos piden que seamos responsables, nos piden solidaridad, pero enfrente sólo nos encontramos con avaricia, con irresponsabilidad, con dejadez y con egoísmo.
Hay días en que no soporto todo esto, la falsedad con la que hablan de la crisis, de los ciudadanos, la justicia. ¿A qué tenemos que esperar para la rebelión? ¿Cuánto más tenemos que aguantar? ¿Cuál será la próxima humillación? Cuanto más se alejan del pueblo menos confiamos en ellos, más fácil será tomar la decisión de exterminarlos.