No sé para que me mato a currar si en breve perderé mi trabajo.
Hace más de un año comenzaron a bajar las llamadas que recibíamos del servicio que atendíamos. Gestionábamos las llamadas de atención al cliente de una empresa nacional de gas y luz, pero misteriosamente comenzaron a decaer las llamadas y nadie sabía qué pasaba. Hace un año estábamos moviéndonos todos los delegados del comité hablando con alcaldes, parlamentarios y todas las fuerzas políticas, tanto a nivel local como autonómico. De hecho, fuimos el único comité que consiguió hablar con el con el Conselleiro de industria del parlamento de Galicia.
Gracias a estas presiones conseguimos que la empresa trajese nuevos servicios a nuestra plataforma, porque éramos una plataforma monocliente, y así comencé a abrir partes de hogar para una famosa aseguradora nacional. Siniestros de hogar, empresa, comunidades, accidentes y demás patrimoniales. Un mundo totalmente desconocido para mí que supuso, en aquel momento (mayo), todo un chute de emoción, porque este trabajo quema mucho y es muy monótono.
Acceder a este nuevo servicio implicó para todos los que nos apuntamos una serie de condiciones que menoscabaron nuestros derechos laborales, pero todos aceptamos por el bien de la plataforma, y porque, obviamente, queríamos mantener nuestro trabajo.
Una de las condiciones de este cliente es que su jornada es de 25 horas semanales, pero la mayoría de los que estamos en ella superamos esas horas por contrato, y mientras manteníamos los dos servicios hacíamos unas horas en uno y otras horas en otro. Pero el 15 de noviembre se acabó el servicio de gas y luz, así que de una plantilla de 126 personas, quedaron 40 sin atender ningún servicio, y otras 40 con horas de sobra.
Tengo que añadir que el 1 de noviembre una gran empresa de contact center nos compró, y que esa empresa tiene muchas plataformas a lo largo de todo el país, y pensábamos que estábamos salvados. Nos dijeron que éramos una plataforma estratégica. Nos lo creímos.
En febrero se acabó esa ilusión. Presentaron un despido colectivo y modificaciones sustanciales. 84 personas afectadas de 126. Una masacre.
Y nos fuimos a Madrid el 6 de marzo a que nos entregasen la documentación, porque como también afecta a la plataforma de Madrid, pues todo será en Madrid.
Como yo realmente sólo trabajo 25 horas, adivinad a quién quieren aplicarle las modificaciones sustanciales? Pues sí. A mí y a otros tantos compañeros, claro. Y quién puede vivir con un sueldo de 25 horas? Casi nadie. Así que en el momento en que me planteen la reducción, tendré que decir adiós muy buenas. Una putada.
Pero aquí estoy, teletrabajando, haciéndolo lo mejor posible, dándolo todo como siempre. Pero ya sin ilusión, pensando en lo que podría estudiar para mejorar mis condiciones laborales, qué rumbo podría tomar mi vida, qué posibilidades me esperan al final de este camino. Buscando un luz al final del túnel.
Sé que saldré de ésta, como he salido de todo lo demás. Sólo será un punto y a parte. Pero eso ni quita el miedo y la angustia. Pero como siempre le digo a mis clientes: "todo tiene solución salvo la muerte".
Un saludo.
Buenos días y buena suerte.
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