5 jun 2013

Experience

Sigo aburriéndome, pero ahora con un calorazo de muerte que me impide salir a pasear a menos que sea a las ocho de la mañana. Así que toca casa, que tampoco es que me queje demasiado (sigo con la lectura a tope), pero todo tiene un límite.

He estado experimentando. Me he conectado a un chat de vez en cuando. Había chateado con anterioridad, ya hace años, y cuando lo dejé fue porque no creía que fuese a encontrar a alguien mínimamente interesante para charlar. Obviamente, esta vez se ha vuelto a confirmar la premisa, salvo una excepción, todos te hacen el test de compatibilidad: ciudad, edad, estado civil, trabajo, y aspecto físico. A mí esto me hace mucha gracia, porque creo yo que para hablar a través de una pantalla no necesitas tantos datos, aparte de las consabidas mentiras en las que todo el mundo incurre, o puede incurrir. Y otra cosa que me deja patidifusa es que según tus respuestas podrás hablar o no. Si eres de una ciudad lejana, seguramente pasarán de ti, si la diferencia de edad es de unos 10 años te preguntarán si te importa (mientras seas inteligente y no cometas faltas de ortografía, sin problema), como si la diferencia de edad fuese un impedimento para mantener una conversación. Y cuando llegas a estado civil, si dices casada, la pregunta inmediatamente posterior es: ¿y te va bien con tu marido? Si le dices que te va bien, muchos pasan de ti, y si dices que te va mal, ya tienes rollito asegurado. El trabajo no suele ser un problema, y si no te lo quieren decir es que son polis o algo así. Y lo del aspecto físico, bueno, eso es lo peor. No sé por qué buscan a los modelos en las discotecas, deberían buscarlos en los chats, todos son rubios, con ojos claros y cuerpazos curtidos en gimnasio. O eso es lo que dan a entender, claro. Aunque siempre hay datos sospechosos, como cuando dicen que su estatura es normal, o sea, que son bajitos. Y si te dicen que el físico no es importante, o que no son agraciados, con esos tienes charla asegurada, aunque no sé de qué tipo.

Pero lo más sorprendente es que ahora la charla está infravalorada. No, en media hora puedes quedar con un tipo desconocido para tomar un café, ver si os gustáis y follar como conejos en cualquier motel, porque claro, él tendrá pareja y tú también, y la discreción es indispensable. Y esto no es algo puntual, no, en una hora conectada podría haber conocido a cinco personas locas por tener una relación sexual. Y con una embarazada, mucho más.

Mis mínimos para charlar con alguno son la ausencia de faltas de ortografía (hola sin hache hace furor en las redes). Eso para empezar, claro. Si es capaz de mantener una conversación interesante e inteligente, si no me hace el test de compatibilidad, y si la conversación fluye, y no busca sexo, ya me tiene en el bote. Tenga la edad que tenga, sea su estado civil el que sea, y tenga el aspecto físico que tenga.

Debido a la falta de especímenes con estas características (sólo encontré uno), ya no chateo. Me replanteé la situación después de una conversación muy interesante con un chiquillo de 22 años que me preguntó si me gustaría tocarle el bíceps (carne de gimnasio), a lo que yo respondí si quería hacerme un test de IQ, y ni siquiera sabía a lo que me refería. Ahora sólo mantengo conversaciones reales con gente real, son menos estresantes y hay menos que analizar.

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