Sólo estoy de visita. Dos días para ir asimilando que debo volver a la cotidianidad en breve, pero en seguida huiré a mi paraíso particular: una casa en el campo con perros, gatos, naturaleza y piscina, con mi mamá que me hace la comida y me prepara xoubas cada dos por tres para cenar, y me rasca la espalda con uñas, y me da mimitos. Y el silencio, un silencio en el que sólo los pájaros se inmiscuyen para que sepas que no te has quedado sorda. Apenas libros, nada de Internet, y casi sin tele. Lo dicho, el paraíso.
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