11 may 2011

A morir

Sé que no debería escribir hoy, primero porque no tengo nada que contar, y segundo porque mi ánimo está por los suelos. Una lágrima furtiva se escapó en el desayuno y desde entonces apenas he recuperado. Mi meta en el trabajo ha sido no llorar, pero ha sido harto complicado, sobre todo teniendo en cuenta que los clientes que me llamaban no colaboraban con la causa. Pero no les culpo, bastante tienen con lo que les hacemos. Me parece increíble que la empresa a la que represento haga lo que hace (los pagos no se aplican, los reenganches no se generan, la gente se queda sin luz habiendo abonado el recibo, y mejor no sigo), yo me limito a disculparme y a ofrecer las alternativas posibles: reclamaciones y denuncias. No puedo hacer más.

Creo conocer el por qué de mi desánimo, pero reconocerlo no me hace sentir mejor. Sé positivamente que una de las razones es que me he puesto a dieta y he comenzado a hacer un poco de ejercicio. Estoy agotada, no estoy acostumbrada (el coche se ha convertido en mis piernas), y lo de no comer me cansa, sé que no tardaré en recuperarme, pero hasta entonces me cuesta moverme, arrancar, levantarme, hasta vivir y respirar, si se tercia. Y menos mal que no paso hambre, sino la mala hostia me saldría por los poros.

La otra razón, ésta menos visible, creo que es que ninguno de mis relatos ha sido elegido para la final del concurso de El Cultural. Sé que es una razón horrible para que esté desanimada, lo sé, soy consciente de ello, pero no lo puedo evitar. Me pongo a pensar que puede que me considere mejor escritora de lo que soy en realidad. Entonces me planteo la pregunta ¿por qué te consideras buena escritora?, y no hay respuesta. A veces me leo y no me gusto, o me parece todo igual. Quizá es que no tengo criterio. De hecho, nunca elige para la final mis mejores relatos, o los que yo considero mejores. Hasta me he planteado que nunca ganaré, es algo que creo firmemente.

Cuando soy racional pienso que la elección es totalmente subjetiva. Sólo hay un juez y jurado, y no depende de mí el que le guste más uno que otro, y el hecho de que uno le guste más no significa que sea mejor, simplemente significa que le gusta más. Hasta ahí llego. Pero entonces entramos en la siguiente pregunta sin respuesta: ¿por qué me importa tanto estar en esa final si estar en ella no significa que mi relato sea mejor o peor?, ¿tan importante es ganar?

Sí, es importante ganar. Me da igual ganar al parchís, a las cartas, incluso a la lotería. No me importa ganar cuando el resultado depende del azar, o cuando el juego no me importa, o cuando sé que no soy buena en esa materia, pero sí que me importa cuando sé que tengo posibilidades. Sí que quiero ganar. Puede que en realidad no tenga criterio y pretenda conseguir algo inalcanzable.

No destaco especialmente en nada, salvo en esto, en esto de juntar palabras y darles un significado mayor del que tienen por sí mismas. Si me he equivocado, ¿qué me queda? 

3 comentarios:

Cruella dijo...

Sólo es un juego. No hay que darle más vueltas.

Hay que volver al principio: escribo porque me gusta, no escribo para gustar.

Y al que no le guste que no mire. ;-)

Un saludo.

Anónimo dijo...

Bueno,me quitas un susto.

Un beso,C.

Siempre estaremos los que miramos.Porque nos gustas,claro.

P.

Cruella dijo...

Gracias, P., me gusta que me mires. ;-)

Cuando parece que encuentro algo que me interesa, deja de interesarme y volvemos al principio. A veces creo que es el tiempo el que me gasta, y no al revés.

Sea lo que sea, sin presiones, sin obligaciones, sin expectativas...sin diversión?? ;-)

Mejor no seguir.

Un saludo