Hay tantas cosas de las que hablar que no sé qué elegir. Puedo hablar de todas esas personas con hijos pequeños, padres enfermos e incluso conectados a máquinas, o empresas con trabajadores que no pagan sus facturas de luz y después te preguntan qué pueden hacer para que se la repongan antes. Pague, señora, pague.
También iba a hablar de la sinceridad, de los lastres emocionales, y del perdón. Del hecho de sentirte bien siendo como eres aunque los demás puedan pensar que eres tonta.
Había pensado compartir mi pasión por la comida, por los platos exquisitos, por la comida casera. La emoción ante un plato nuevo, con una pinta estupenda, un olor envolvente, un sabor delicioso... Los sonidos de placer que emito cuando lo introduzco en mi boca, y los recuerdos que permanecen toda una vida en la boca que se hace agua.
O el hecho de que esté enganchada a un juego de la wii: Sonic Unleashed, y que haya una fase que no consiga superar.
Pero lo único que he tenido claro desde el principio es la música. Una canción añeja descubierta hace dos días.
2 comentarios:
Me quedo con el segundo plato que has servido, con su pinta estupenda, sinceridad y lastres emocionales con un sirope de perdón. De cómo después de degustado queda un sabor a tranquilidad en tu cerebro que no se borra en la vida (es lo que tiene el buen sabor de la conciencia bien cocinada), a pesar de que muchos piensen que eres tonta.
Me ha gustado este menú degustación de hoy, gracias por la invitación.
Un saludo,
ana
Tranquilidad, cerebro, conciencia, y "no se borra en la vida" es, en mi caso, excesivo para una sola frase. :-)
Hola, Ana, hacía tiempo que no sabía de ti. He visto que has vuelto a abrir el blog al público, supongo que las aguas ya no están tan revueltas. Me alegro.
Un saludo, y gracias por pasarte por aquí.
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