19 jul 2010

Estas son las cosas que me pasan a mí

Siempre hay unas normas. Unas normas para que todo salga bien. Pero no unas normas para los demás, no, unas normas para mí, para que si hay que salirse del guión, después no nos arrepintamos de lo hecho. Siempre tiene que haber normas, sin ellas el caos está ahí, y eso no es bueno. Nunca ha sido bueno.

También tiene que haber un plan, porque las normas sin plan no valen nada, dentro del plan establecido, las normas cumplen la función de límites que no hay que traspasar. El plan es el camino y las normas, las señales que te indican lo que debes hacer.

Cuando funcionas bajo estas dos pautas, el hecho de no seguir las normas, hace que el plan ya no tenga validez, y ahí es donde el descontrol hace su aparición, imponiéndose, como un dictador barato, a costa de lo que sea, asumiendo el control de la situación y dejándote cual guiñapo zapateado en una esquina.

Hay veces que no eres consciente de lo que ocurre, y todo te pilla de sorpresa más tarde, cuando ya todo ha pasado y lo único que queda es la vergüenza de algo que le ocurre a todos, pero en tu preciosa cabecita, con tu juez implacable,  la condena ya está impuesta. Sólo queda cumplirla, sin sustitución que valga.

Puede que no hayas sido consciente del descontrol, o, que te hayas dado cuenta, pero no sepas el grado al que has llegado. En esos casos siempre hay testigos que te lo recordarán, haciendo hincapié en los asuntos más desagradables, en los más rastreros, cargándose de un plumazo al juez supremo, y obligándote a asumir la pena sin juicio ni condena.

Por todo esto sé que los planes y las normas deben incluir un anexo en el que se especifique que el descontrol no es malo, que forma parte de nuestra condición de personas, que lo que es malo es el control excesivo, y que el derecho a equivocarnos, una y otra vez, es un derecho que nos ganamos en el momento de nacer, y que nadie, ni siquiera nosotros mismos, tiene derecho a juzgarnos por nuestros fallos, y que puede que lo que nos pase ni siquiera sean equivocaciones o fallos, puede que sea un mal día, un mal minuto, o un mal segundo...


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